Sanford Taylor

La Tormenta, fuera lo que fuera, había arrasado Ghost Creek. La sheriff Annie Portman se había quedado sin razones para permanecer allí. En las semanas que prosiguieron, las minas, así como el río, parecían haberse secado. Casi todo el mundo se dirigía a Lost Angels o a Shan Fan. Ahora que la Morgan Cattle Company se marchaba en busca de los “nuevos horizontes” de Gomorra, el pueblo se había quedado casi vacío. Se dio cuenta de que también le había llegado la hora de irse.

 Se giró en dirección a la muchacha que se había pegado a ella desde que perdió a su familia en la tormenta.

 —Lucy, quiero que vayas a Gomorra. Para mayor seguridad, viaja con una de las caravanas de Morgan. Cuando llegues allá, pregunta por el sheriff Hunter. Es un buen hombre y le vendrá bien una ayudante decidida como tú.

 Lucy no se mostró conforme pero Annie le prometió que, tras comprobar qué había sucedido en Soddum, se dirigiría a Gomorra a reunirse con ella.

 Annie montó en su caballo y partió hacia Soddum. Estaba aún peor que Ghost Creek: edificios derribados y el pueblo, vacío. Unas huellas de caballo sugerían que recientemente había tenido visitantes. Cuando se disponía a marcharse, escuchó una llamada desde uno de los salones menos deteriorados.

 —¿Qué tal, señora? No pensaría marcharse sin parar a remojar el gaznate, ¿verdad?  —dijo el hombre. Estaba relativamente limpio y aseado, pero Annie no pudo evitar sentir cierto recelo.

 Annie aflojó la pistola en su cartuchera mientras ataba el caballo y se acercó al salón. El hombre limpiaba un vaso mientras ella entraba. Se sentó en la barra y dejó que le sirviera un trago. Los dos permanecieron sentados en silencio unos instantes antes de que el hombre tomara la palabra.SanfordTaylor

 —¿Y qué trae a la sheriff de Ghost Creek a las ruinas de Soddum? —preguntó el hombre, que se había presentado como Sanford Taylor.

 —Curiosidad, solamente. La reciente tormenta causó daños en Ghost Creek, pero parece que prácticamente ha borrado a Soddum del mapa. —Tenía la cabeza algo pastosa. ¿Era el licor, o alguna otra cosa?

 —Parece que Soddum puede ser peligroso para que un sheriff pase solo. Podría haber indeseables escondidos. —Annie percibió de repente el peligro y se llevó la mano a la pistola, pero ya no estaba ahí. Sanford la tenía en la mano, y sonreía—. Bueno, no puedo permitir que le diga a nadie que me ha visto aquí y, además… no me gusta mucho la ley.

 Annie trató de buscar una manera de salir del aprieto pero, cuando escuchó caer el martillo, supo que era demasiado tarde.

 Sanford sonrió mientras despojaba a la sheriff de la insignia y la metió en una bolsa, donde tintineó con las demás. Arrastró el cadáver hasta la puerta de atrás,  lo arrojó al callejón y regresó con su bebida. Estaba empezando a gustarle el nuevo campamento.

 

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