Abram Grothe

“Señor, ¿cómo he llegado aquí?”

Suelto la cuerda para dejar que Wendy se lo lleve a la cárcel. Este hombre empezó una pelea en el Charlie’s Place rompiendo una jarra en la cabeza de otro tipo por un dólar.

“La ira reposa en el seno de los necios.”

Me quedo fuera por un momento, y estiro la espalda después de haber arrastrado al hombre calle abajo. Al hacerlo, la luz resplandece en la estrella que tengo clavada en la chaqueta. Sonrío un poco mientras me la quito.Abramgrothe

Es una cosa pequeña y extraña… demuestra una vez tras otra que pesa más de lo que parece.

“Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz, y sígame.”

Le prometí a Padre que llevaría esta vieja cruz hasta el día que muriera. Pero estos días, esta insignia es la verdadera cruz que porto. Nunca aspiré a esto, seguro. La capilla era el lugar al que pertenecía. El olor de las páginas de la Biblia delante de mí el  sonido glorioso de los himnos en mis oídos era para mí el cielo en la tierra.

Rememorando, creo que eso fue lo que me trajo aquí. No veía justo que yo tuviera lo que tantos no tenían. Había oído historias sobre la frontera… tiempos duros, sitios más duros todavía, y mucha gente sin esperanza. Eso era todo lo que yo quería traer, pero, Señor, supongo que tienes otros planes.

Todavía recuerdo la cara de la chica, negra y magullada, con manchas de sangre en su pelo castaño. A ella se le había acabado el tiempo de la esperanza y, mientras descansaba en los brazos del Señor, todo lo que sentí era la necesidad de justicia.

“La justicia seguirás, porque vivas y heredes la tierra que tu Dios te da.”

Volví a ponerme la estrella en la chaqueta, y mis ojos miraron la espada que colgaba a mi lado. Supongo que por eso Él me la dio. Nunca me hubiera imaginado llevando una espada hasta que la necesité. Aquella… cosa, fuera lo que fuera, debería haberme matado. Me tenía acorralado en la cochera de ferrocarril y no me quedaban balas. Mientras me arrastraba por el suelo intentando sobrevivir, el Señor me la puso en la mano.

“Bendito sea el Señor, mi roca, que enseña mis manos a la batalla, y mis dedos a la guerra.”

Parece que siempre vuelve a ti, Señor. Tú me trajiste aquí. Mientras estés conmigo, protegeré la esperanza de aquellos que la buscan en este lugar, y te serviré con justicia mientras quede trabajo por hacer.

—¿Me disculpa, ayudante?

Me giro en dirección a la voz que reclama mi atención para encontrarme con unas gafas tintadas y una mata de cabello enmarañado  bajo un bombín morado. Los labios del hombre se separan y forman una sonrisa cruel al tiempo que me enseña un conejo de peluche.

—¿Alguna vez ha practicado un exorcismo?

Una extraña petición….encaja con el hombre… quizás sea hora de volver al trabajo.

 

Advertisements